Todo por un sueño (tercera parte)

Todo por un sueño (tercera parte)

Sábado 25 de Junio, tras pasar una semana muy tranquila donde lo que más desea uno es que llegue el día de la competición y que a mí siempre se me pasa lentamente, ya sólo toca descansar y no forzar. Noto en el ambiente y en las personas cercanas cómo me muestran su apoyo y también que están contagiadas de ilusión para que llegue la noche del sábado a las 22:00. La pregunta que más escucho durante esos días previos es “¿estás nervioso?”, mentiría si dijese que no, aunque lo que más me notaba era ilusionado, contento, con la sonrisa de un niño y especialmente motivado por lo que iba a acontecer. Me levanté habiendo dormido muy profundo, notaba mis piernas en forma, salí a correr un poco por la mañana para tratar de soltar adrenalina y tuve esa sensación de que apoyas el pie en el suelo y parece un muelle, sin dolores ni molestias, con ganas de acelerar sin parar. La persona que me acompañó en ese rodaje matinal sufrió en silencio que mis piernas quisiesen ir deprisa sin apenas quererlo, cuando vi su cara de cansancio al terminar los 20 minutos de rodaje que hicimos cerca de casa, me di cuenta de que corazón, mente y piernas volvían a estar alineadas para volver a pelear por cumplir un sueño, cuya parte de agradecimiento y culpa tiene esta maravillosa mujer con la que tengo la fortuna de compartir parte de mi vida. ¡Gracias Andrea!

20:00 y toca irse hacia la pista con dos horas de antelación a la carrera como a mí me gusta. Recojo el dorsal y empiezo a ver amigos y compañeros antes de adentrarme en la grada junto a toda nuestra gente-familia. Antes de llegar a la grada me comenta un conocido: “¡Mira hacia allí, que menuda la que te han montado tus amigos y familiares!”. Giro la cabeza, levanto la mirada y veo unas pancartas a la altura de la zona de meta con el “Todo por un sueño, Fuerza Mister, Hoy todos somos Pedro Esteso, 2x1…”. Siento cómo se me acelera el corazón, me emociono por dentro, noto presión y felicidad, satisfacción y nerviosismo, ganas de reír y llorar, responsabilidad e ilusión, todos estos sentimientos a la vez eran demasiadas emociones para digerir y gestionar en tan poco tiempo. Me dirigí a sentarme un rato con todos ellos, las personas con las que comparto kilómetros y entrenamientos casi a diario, los que me llaman el míster, quería vivir un rato previo a su lado, darles un abrazo por todo el apoyo mostrado y agradecerles cómo me hacían sentir y cómo todos estábamos viviendo toda esta historia tan bonita. Mi hermana ejerciendo de jefa en todos los sentidos, trasmitiéndome calma y amor como siempre ha hecho en la vida junto a mi padre viviendo apasionado otra final de nuevo. Andrea me trataba con tranquilidad y paciencia, una de sus virtudes que más valoro y sólo con su mirada conseguía otorgarme algo de seguridad, me apretaba fuerte la mano, la ponía en su cara besándola y me decía: “Todo va a salir bien”, yo no sabía qué decir, sólo trataba de estar relajado, que no se me acelerase más el corazón y ver un poco la competición. Llegaban y llegaban más compañeros a la grada, muchos con los ojos y la mirada brillantes, con las mismas ganas o más que yo de que empezase todo.

La pregunta que más escucho durante esos días previos es “¿estás nervioso?”, mentiría si dijese que no, aunque lo que más me notaba era ilusionado, contento, con la sonrisa de un niño y especialmente motivado por lo que iba a acontecer. 

20:50 Toca empezar a ponerse en acción, no aguanto más allí, me empiezan a comer los nervios, quiero que suene ya el pistoletazo de salida y me levanto para dirigirme a la zona de calentamiento, todos ellos me despiden con una ovación y a mí ya me toca meterme en mi mundo solitario y de concentración de verdad. Empiezo a rodar muy suave haciendo el mismo calentamiento y por la misma zona que siempre hago con mi grupo-familia de entrenamiento Urban Runners. Los primeros minutos de rodaje son extrañísimos para mí, no me gustaba nada cómo iban mis piernas, todo lo contrario a las sensaciones matinales, supongo que sería el exceso de presión de competir en casa y tantos nervios acumulados. Pasan los minutos y voy notando que vuelvo a sentirme un poco más fluido. Me acuerdo de una de las mejores frases que siempre me han servido para estos momentos gracias a la  psicóloga deportiva Toñi Martos: “Pedro, las sensaciones las creamos nosotros, así que si no hay buenas sensaciones, créalas tú y conviértelas con tu mente y cuerpo que para eso has entrenado tanto y te has preparado al máximo”. Así fue, mi cabeza empezó a funcionar generando imágenes de todo lo que había ocurrido, peleado y luchado hasta llegar a ese momento tan ansiado; muchas imágenes de experiencias en pruebas durante toda nuestra carrera deportiva, la foto inolvidable ya para mí de la bici debajo del coche, las lágrimas de mi familia y amigos en el hospital, mis hermanos a mi lado, esos madrugones para ir a entrenar cuando no apetece tanto, la comprensión de Andrea, los sacrificios alimenticios, esos entrenamientos en el Camino de la muerte, esas sesiones interminables en el gimnasio para fortalecer, esas salidas en bici que te duran el dolor de piernas hasta el día siguiente, querer luchar contra el paso del tiempo para volver a sentirme competitivo, los dolores de cabeza tras cada dura sesión en las laderas del río Vinalopó, salir a entrenar domingos por la tarde, días interminables de rehabilitación casi sin poder dormir por los dolores en la espalda, los primeros días de series donde luego todo son sobrecargas, el apoyo incondicional de todas las personas que se identifican con nosotros, los cientos de mensajes, la cara de felicidad de mis sobrinos cuando los subo a los pódiums, saber que puedes hacer felices a muchas personas a la vez…entonces es cuando empiezo a entender el verdadero significado del “Todo por un sueño” y que lo tenía al alcance de mis piernas y corazón.

A partir de los últimos diez minutos de calentamiento empezaron a llegar las buenas sensaciones. Me hablaba a mí mismo mientras seguía calentando y escuchando música, me gritaba interiormente que no podía vencerme la presión, no podía fallar a esa grada, era un sueño demasiado bonito como para no terminar de hacerse realidad, claro que me podían ganar los rivales pero en la pista y corriendo más que yo, pero nunca antes de la salida. Así fue cuando cambié el chip, acto seguido las piernas empiezan a fluir del todo justo terminando el calentamiento por fuera de la pista. Es en ese momento cuando veo a mi a madre, la mujer más luchadora que conozco y que nunca ha dejado de perder la sonrisa, me paro, le doy un beso, a ella se le saltan las lágrimas, me da un abrazo y sólo me dice “¡Ya verás cómo hoy sí, todos estamos contigo  así que TETE FUERTE Y A LUCHAR!”. Yo sólo la miré firmemente, le apreté las manos con fuerza tratando de no emocionarme de nuevo y me fui pensativo hacia la zona de estiramientos y cámara de llamadas donde me seguía esperando Juan Carlos para seguir protegiéndome, alentándome y haciéndome ver las posibles lecturas y planteamientos de carrera que se podían plantear. Con sólo mirarnos ya sabemos cómo estamos, es lo que tiene nuestra conexión fraternal tras haber vivido, entrenado, competido y crecido durante tanto tiempo juntos. JuanCar me hace un repaso mental de cómo ha evolucionado mi estado de forma para preparar este campeonato, me transmite confianza y trata de calmarme con sus indicaciones. Ejerce de mi lector de carrera y me plantea varias posibles estrategias durante la prueba, pero siempre con una misma consigna: “Tete, tienes que ganarle metros a tu zancada, no gastar en exceso, busca correr con facilidad, que pasen las vueltas y siempre corriendo con buena técnica, bien colocado y cuando salgas a ganar con decisión”.

Me grabo mentalmente sus palabras que me marca con seguridad, aunque sé que por dentro también le puede ese nerviosismo de este tipo de carreras, mientras Alfredo realiza los últimos ajustes de estiramientos y desbloqueos en mi espalda para seguir con los ejercicios de técnica de carrera y movilidad articular. La zona de calentamiento está justo enfrente de la recta de meta. Miro un par de veces a la grada, invadida por camisetas verdi-negras de Urban Runners, azules de Enforma Runners, muchos amigos de otros clubes y asistentes con acompañantes a este campeonato. Me paro mirándoles de nuevo desde la lejanía, respiro profundamente y en ese momento me nace un pensamiento-pregunta: “¿Y si no gano, qué les digo a todos ellos?” Ellos merecen ser felices, puede que me vean como su héroe por un día, han sufrido conmigo parte de este camino y hay muchas personas pendientes en mí, ello me alegra pero también me crea cierta tensión y responsabilidad. No llego a una contestación clara a esa pregunta y sigo con los ejercicios. Lleva un poco de retraso la competición y hace más agónica la tensa espera donde te cruzas continuamente con los rivales. Charlo un rato con nuestro gran amigo y compañero Roberto Sotomayor, el capitán del mediofondo español M-35, muchas batallas vividas juntos y las que espero que nos sigan quedando de esa forma tan intensa como siempre nos ha caracterizado para que el atletismo nos siga marcando como motor principal y fuente de inspiración en nuestras vidas. Me cruzo con mis compis ilicitanos JL Collado, Ángel Tormo, Alex Maciá, Los Hermanos Rico, Luis Susín, Vegara, Luis García y todos tratamos de enviarnos fuerza y ánimos en señal de piña por y para nuestra ciudad. Llega a lo lejos JuanJo Simón para darme con su hijo ese abrazo y ánimos de unión y apoyo que desde hace un tiempo nos llevamos profesando mutuamente por el paralelismo de nuestras vidas y la admiración y amistad que nos hemos tenido y tenemos.

Es en ese momento cuando veo a mi a madre, la mujer más luchadora que conozco y que nunca ha dejado de perder la sonrisa, me paro, le doy un beso, a ella se le saltan las lágrimas, me da un abrazo y sólo me dice “¡Ya verás cómo hoy sí, todos estamos contigo  así que TETE FUERTE Y A LUCHAR!”

Tras esa tensa espera en la zona de calentamiento, ya nos avisan finalmente para entrar en la cámara de llamadas, últimos consejos de JC, abrazo y beso de ánimo, revisar documentación, plantillas Biontech Sport colocadas, dorsales, ropa de competición y ya con las zapatillas de clavos puestas toca saltar a la pista. Varias progresiones de 80 metros acelerando y estirando la zancada al máximo para terminar de activar. Intento acercarme a la grada con cierta prudencia para levantar el brazo, apretar la mano con el puño cerrado y saludar a todas las personas que esa noche iban a correr junto a mí. Ellos me ven, se levantan y comienzan a aplaudir con mucha fuerza, la grada comienza a tener vida.

Estaba a punto de comenzar a vivir uno de los momentos más imaginados y ansiados por mí durante más de 5 meses, iba a ponerme en la salida de la final de 1.500 metros lisos M-35 del Campeonato de España Veteranos en Elche. Hubo un instante que no supe diferenciar si estaba despierto o dormido viviendo algo que ya había ocurrido, fue cuando me arrodillé en la pista cerca del lugar de la salida, visualicé e imaginé posibles acciones en carrera, busqué inspiración, toqué mi corazón varias veces, me acordé de mis tres tatuajes y sus significados, cogí aire profundamente y volví a meterme en mí y en mi silencio. Empecé a ser consciente de que era el día D y la hora H para ponerme a prueba, para disfrutar corriendo, para impulsar y dejarme llevar por esa calle 1 que tantas veces hemos pisado entrenando y si algo tenía claro y que me iba a ayudar en cada metro cuando se diese la salida es que no iba a correr solo porque Elche ya no me esperaba, Elche y mi gente estaban en mí. Iba a dar comienzo uno de las carreras más importantes en mi nueva vida siendo entrenador, corredor pasional y (ex)atleta profesional.

Los jueces nombran uno a uno a los atletas y nos van colocando en la línea previa a la salida, es en ese momento donde para mí casi más se sube el pulso y toca calmarse, trato de estar lo más serio y concentrado posible, necesito que nada ni nadie me perturben, busco con el pensamiento adelantarme a las acciones de carrera y tratar de tenerlo todo controlado, algo casi imposible. Se crea un clima de tensión elevada en esos segundos previos cuando el juez comprueba que todo está en orden y en breve podrá indicarnos “a sus puestos”, supongo que todos pensamos en tener nuestro momento glorioso y luchar por ganar o conseguir una de las medallas. El juez nos cita a la línea continua de salida, levanta la pistola de salida y se oye el disparo para poner piernas, corazón y cabeza en marcha durante 1500 metros. Mis apoyos iniciales son rápidos, es algo que siempre me gusta llevar a cabo, supongo que fruto de las cientos de carreras de este tipo que he disputado llegando a la conclusión de que una buena colocación inicial te permite manejar la prueba acorde con las sensaciones y estrategias que uno tenga después de esos primeros 100 metros de aceleración y búsqueda de la posición, además del toque de control y cierta comodidad para poder decidir si llevar el peso de la carrera o maniobrar con mejores espacios ganados desde los primeros metros.

Así hago, meto fuerza y rapidez en los primeros apoyos, me coloco en segunda posición con salida libre por mi derecha en el caso de que haya algún cambio de ritmo por parte de alguno de los compañeros, me dirijo hacia el paso por la primera vuelta, veo en el marcador el 3 de las vueltas restantes, mientras el público no para de gritar y animar, era un apoyo constante y escuchaba el ¡Vamos Pedro! durante cada instante de carrera y que se me iba haciendo más latente a medida que pasaban los metros. La carrera seguía a un ritmo llevadero y en el que me sentía bastante cómodo sin sensaciones de forzar al máximo. Sigo centrado en desarrollar una buena técnica de carrera, mientras Juan Antonio Gil sigue encabezando la final, segundo paso por línea de meta y quedan dos vueltas, se mantiene el ritmo y no cambian las posiciones con Roberto Sotomayor vigilante a mi estela. Mantengo la calma sin realizar ningún movimiento que alterase el desarrollo de la prueba, aunque reconozco que es difícil no dejarse llevar por la pasión y el rugir que emite el poderío de la grada, en mi vida podría imaginar tanta animación ni expectación. Empieza uno de los momentos decisivos en este tipo de carreras que es cuando se superan los 1000 metros, ahora sí toca estar más despierto que nunca y permanecer más atento aún a los posibles cambios de ritmo y ataques por parte de los rivales, ya que en algo más de un minuto se resolvería todo. Suena la campana que nos avisa de que estamos en la última vuelta y es cuando sucede lo que podéis ver en este vídeo…

Como había previsto esta última vuelta iba a ser muy emocionante y peleada con alternancias en las posiciones delanteras dado que Roberto Sotomayor echó el resto con su valentía característica

Como había previsto esta última vuelta iba a ser muy emocionante y peleada con alternancias en las posiciones delanteras dado que Roberto Sotomayor echó el resto con su valentía característica, haciendo un cambio brusco a falta de 250 metros tensando muchísimo en la parte final con una curva acelerando al máximo y añadiendo más emoción aún si cabe a esa recta final en la que conseguí aguantar su ritmo, abrirme a la calle 2, acelerar todo lo que mis piernas daban para sacar toda mi fuerza, pensar en que la última recta se me estaba haciendo muy corta y sentir casi que volaba alargando al máximo mis piernas para entrar vencedor.

Tenía tantas ganas e ilusión por cruzar la línea de meta de esa manera que días antes ya había conseguido vivirlo en sueños, de verme cómo se cumplía algo por lo que había estado peleando durante un tiempo y que de alguna manera deseaba compartir con muchas personas que me habían querido acompañar en toda esta aventura kilométrica llena de mucho esfuerzo bañado en algunas que otras lágrimas por las que ha merecido la pena todo lo vivido y sufrido durante todo el recorrido hasta llegar a conseguir que esas personas se sintiesen también ganadoras. Me esforcé para que fuesen felices habiendo experimentado que durante esos 4 minutos de gritos, ánimos, nervios, ilusiones, saltos, chillidos, levantamientos de los asientos, aplausos, lágrimas y emociones también iban en cada zancada y pudieran notar ese momento tan indescriptible como es conseguir lograr un sueño y ser la persona más feliz del mundo (aunque sólo sea por un instante) al lado de las personas que más quieres. Así me sentía yo y ojalá les pueda suceder en alguna ocasión a todas esas personas que ese sábado se alegraron de que me proclamara Campeón de España M-35 de 1500 metros lisos en Elche.

Sólo puedo dar la gracias a todas esas personas, tanto las que allí estuvieron como las que siempre me han hecho sentir que están a nuestro lado, que han conseguido que ese 25 de Junio la zancada fuese más ilicitana que nunca, que hay veces en las que corriendo rápido también se puede llegar a sentir mucho placer y dolor a la vez, pero que siempre compensa. Ya nunca jamás olvidaré el momento en que me arrodillé delante de todos ellos ante la grada vitoreando mi nombre y queriéndoles agradecerle tanta fuerza transmitida con todos esos momentos tan recordados posteriores a la victoria llenos de abrazos, felicitaciones, agradecimientos y alegría desbordada.

Os trasmito que entre todos hemos conseguido que cuando ahora siempre mire la grada de la pista de atletismo “Manolo Jaén” de Elche la vea repleta de gente igual o parecida a como soy yo y en la que tenemos en común, como mínimo, el amor por el deporte y la capacidad por querer estar unidos y queriendo lograr momentos únicos como el de aquella noche. Estoy muy agradecido porque esa grada también me ha ayudado a resolver una duda, ésa que nació cuando me paré en la zona de calentamiento y me pregunté internamente mirándoles: “¿Y si no gano, qué les digo a todos ellos?”. Ahora ya he conseguido la respuesta a esa pregunta en el caso de que no hubiese conseguido el resultado esperado y deseado, os hubiera contestado que…

Gracias a vosotros y a esta historia tan bonita he tenido la fortuna de ver, de vivir en un permanente sueño con todo el encanto posible, de sentir gente emocionada con fuerza para tenderme su mano en los momentos más difíciles. No he ganado una medalla, he conseguido una familia inmensa, un grupo humano vivo, latente, alegre, con ganas de luchar y perseguir sus sueños, gente capaz de levantarse tras alguna caída, corazones con ganas de ponerse un dorsal y de esforzarse por lo que más deseen, amigos que demuestran tener ilusión por nunca dejar de correr, de entender que la vida a veces  puede ser un cúmulo de obstáculos pero que también nos depara un camino con capítulos preciosos donde debemos tener la valentía de comenzar a construirlos con nuestra voluntad, la mejor de las sonrisas y siempre querer que la palabra lucha esté presente. Porque por encima de todas las medallas, premios o triunfos conseguidos lo que siempre queda y cuenta es el camino recorrido, vivido y aprendido hasta llegar hacia ellas independientemente del resultado que luego suceda. Con toda esta experiencia y aprendizaje tengo aún más claro que los sueños hay que perseguirlos hasta el final y que conllevan dolor, esfuerzo, valentía, constancia, fe y pasión y que echarle valor a la vida sólo depende de nosotros mismos plantándole cara a veces con sufrimiento, pero siempre sin perder la sonrisa. Espero que siempre nos quedemos con que podemos sacar algo positivo hasta de las peores situaciones, que de nada vale echar la mirada atrás para lamentarse y que ese giro al pasado siempre sea breve y se transforme en una ojeada a esas experiencias de las que con fuerza, constancia y tesón podremos salir altamente reforzados LUCHANDO POR NUESTROS SUEÑOS Y SIEMPRE CORRIENDO CON EL CORAZÓN.

¡GRACIAS FAMILIA, AMIGOS Y ATLETISMO POR AYUDARME A QUE TODO POR UN SUEÑO SE HAYA CONVERTIDO EN REALIDAD Y HAYA MERECIDO TANTO LA PENA! 

Posted on 27/09/2016 0 2749

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